EL FOSFORO

Controlar el fósforo mejora la calidad de vida de las personas que sufren insuficiencia renal

 

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Un grupo de investigación de la Universidad de Córdoba, el IMIBIC y el Hospital Universitario Reina Sofía relaciona la normalización del fósforo en sangre con el descenso de una hormona dañina para el corazón.

La hormona FGF23 (Factor de crecimiento fibroblástico 23) se origina en el hueso y es la encargada de comunicar al riñón que debe eliminar el exceso de fósforo que dicho hueso está detectando. Sin embargo, en las personas con insuficiencia renal, el riñón deja de funcionar y no obedece a la FGF23, produciéndose un exceso de la hormona (FGF23) en sangre. Esto se debe a que el hueso no detecta el no funcionamiento del riñón y sigue produciendo FGF23.

El aumento de FGF23 en sangre puede aumentar el riesgo de mortalidad en personas con insuficiencia renal.

La acumulación de FGF23 en sangre provoca efectos indeseables en otros órganos, por ejemplo, la hipertrofia. Esto se debe a un agrandamiento del corazón debido a que la alta cantidad de esta hormona afecta al sistema cardiovascular, pudiendo, incluso, aumentar el riesgo de mortalidad.

Por todo ello, un grupo de investigación integrado por personal del Departamento de Medicina de la Universidad de Córdoba, los grupos GC13 y GC07 de Instituto Maimónides de Investigación Biomédica de Córdoba (IMIBIC) y la Unidad de Nefrología del Hospital Universitario Reina Sofía, se centra en cómo conseguir que los niveles de FGF23 desciendan.

En este sentido, se ha llevado a cabo un estudio clínico en el que 21 pacientes en tratamiento de diálisis redujeron los altos niveles de la hormona FGF23, al introducir en su día a día una dieta reducida en fósforo y una medicación basada en captadores de fósforo, que evitan que este sea absorbido en el cuerpo.

iFGF23 Y c-FGF223

Además de los avances anteriormente expuestos, tras la investigación, dirigida por el investigador Cristian Rodelo Haad  y en la que participan los catedráticos de Medicina de la UCo Mariano Rodríguez y Alejandro Martín-Malo, se diferenció la hormona FGF23 en dos partes: FGF23 intacta (iFGF23) y FGF23 c terminal (c-FGF23).

En esta investigación, que incluye a 150 enfermos, se considera por un lado a la hormona completa (intacta) y por otro a las partes resultantes de una fragmentación (c-terminal), ya que la cantidad final de estas dependerá de factores específicos.

Si bien el fósforo es el responsable de más del 60% de los valores de la molécula en ambos casos, para la hormona intacta sus determinantes son el fósforo y el calcio en sangre, mientras que para la c-terminal el tiempo que el paciente ha permanecido en diálisis y la inflamación, son factores que aumentan su concentración.

Ahora solo queda estudiar cómo a largo plazo, esta reducción de fósforo aumenta la esperanza de vida en pacientes con insuficiencia renal.

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Una invención que salvó millones de vidas: La diálisis cumple 75 años

Durante mucho tiempo el fallo renal estuvo considerado como una sentencia de muerte. Sin embargo, hace 75 años, un ingenioso doctor inventó una máquina que puede limpiar la sangre de toxinas. La idea salvó millones de vidas, pero la diálisis aún no está presente en todo el mundo

 

La tecnología que se esconde detrás de este riñón artificial se debe sobre todo al médico holandés Willem Johan Kolff (1911-2009), aunque antes que él, el doctor alemán Georg Haas (1886-1971) ya había investigado sobre la limpieza de la sangre.

Una de las mayores motivaciones de Kolff para la invención fue la compasión, pues de joven ya había presenciado la muerte de enfermos renales sin que pudiera ayudarles.

El 4 de abril de 1943 utilizó por primera vez su riñón artificial y pese a sufrir varios fracasos, dos años después logró salvar a una mujer. Después de la guerra emigró a Estados Unidos y allí mejoró su invento.

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La mayoría de las personas morirían en cuatro semanas sin la diálisis al sufrir un fallo renal, destaca el experto Andreas Kribben, presidente de la Sociedad Alemana de Nefrología. Y es que al fallar los riñones, se envenena todo el cuerpo.

Kribben señala que son los únicos órganos que se pueden sustituir temporalmente por una máquina. A continuación algunas informaciones interesantes

Pacientes:

En todo el mundo viven alrededor de dos millones de personas con diálisis, pero estas son solo el 10% de todas las que necesitan el tratamiento. En muchos países en desarrollo y emergentes una enfermedad renal sigue significando actualmente la muerte.

Avances técnicos:

“Han posibilitado que la diálisis sea más segura, eficiente y al mismo tiempo más cuidadosa”, dice Kribben. Hasta los años 70 los pacientes necesitaban hasta doce horas seguidas de diálisis.

Durante el tratamiento sufrían a menudo náuseas, calambres y problemas circulatorios, pues era necesario sacar mucha sangre a los pacientes para poder limpiarla. Actualmente, se necesita mucha menos sangre y el proceso dura de media cuatro horas. Normalmente la diálisis se tiene que repetir tres veces por semana.

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Proceso:

Cuando los riñones fallan existen principalmente dos formas de limpiar la sangre.

En la hemodiálisis se pasa la sangre por una máquina y después se vuelve a introducir en el cuerpo una vez filtrada. En la diálisis peritoneal se utiliza el propio peritoneo del paciente para limpiar la sangre. Para ello se introduce en la cavidad abdominal un fluido de diálisis a través de un catéter y después se extrae.

Este proceso tiene la ventaja de que el paciente no depende del centro de diálisis y puede someterse al tratamiento en el trabajo o durante viajes. Esta variante también se suele utilizar con pacientes jóvenes y niños.

Sin embargo, el tratamiento también exige seguir unas normas muy estrictas: los afectados deben cumplir los horarios, tomar medicamentos y seguir una dieta muy concreta.

Esperanza de vida:

La diálisis permite a las personas con insuficiencia renal vivir durante años e incluso décadas. Hay personas que vivieron más de 40 años con diálisis, cuenta Kribben. Sin embargo, los pacientes de diálisis suelen morir antes que las personas sanas de la misma edad. Esto se debe, entre otras cosas, a los cambios que sufren en las paredes de los vasos sanguíneos.

Donación de órganos :

La esperanza de vida de un paciente con insuficiencia renal aumenta notablemente al recibir un trasplante. Según los últimos datos del Registro Mundial de Trasplantes, en 2016 se realizaron en todo el mundo 84 347 trasplantes de riñón, 20 638 en la Unión Europea (UE).En España, líder mundial, se realizaron 3.269 trasplantes renales en 2017.

Diálisis puntual:

En algunas operaciones complejas se pueden producir fallos renales transitorios, también debido a inflamaciones, infecciones o como consecuencia del fallo de otro órgano. La diálisis también puede ser necesaria en casos de fallo renal agudo, pero solo durante un tiempo limitado.
Sin embargo, los pacientes que sufren un fallo renal agudo tienen mucho más riesgo de sufrir después a lo largo de su vida una enfermedad renal crónica.

Fuente: Elcomercio.com

Euskadi sigue en cifras de récord y supera los 70 donantes de órganos por millón de población

Cirujanos realizan un traslpante de corazón./Efe

Cirujanos realizan un traslpante de corazón. / Efe

Cerca de 2.500 personas han sido trasplantadas en la última década en Euskadi.

Euskadi ha alcanzado en 2017 una tasa de donación de órganos de 70,3 donantes por millón de población, muy por encima de la media del país, situada en 46,9 donantes por millón de población, según ha informado Osakidetza.

El servicio vasco de Salud ha explicado que esta tasa se contempla «en su contexto evolutivo», considerando períodos de al menos cinco años, para observar mejor la tendencia. Según ha indicado, la tasa media vasca ha sido, desde el año 2000, superior a los 40 donantes por millón de personas y ha experimentado en el último lustro un incremento de 13 puntos, rebasando los 53 donantes por millón de población. «Esto supone superar la cifra considerada como óptima por la Organización Mundial de la Salud y nos sitúa a la cabeza dentro del contexto, tanto europeo como mundial», ha remarcado Osakidetza.

En las cifras recogidas 2017, el servicio vasco de Salud ha destacado que se han potenciado los programas de donación en asistolia, con 29,2% de donantes de estas características, por encima de la media estatal (26%) y «al nivel» de países como Holanda (52,8%), Bélgica (30,7%) o Reino Unido (43%), con mayor actividad en donaciones en asistolia del mundo. El 61% de los donantes fallecen como consecuencia de accidente cerebro-vascular, un 12,3% por traumatismo craneoencefálico (1,3% por accidente de tráfico) y el resto por otras causas.

Osakidetza ha destacado que prácticamente nueve de cada diez familias «se manifiesta positivamente hacia la donación», alrededor de 5 puntos por encima de la tasa estatal y también por encima de las cifras europeas y americanas (de entre el 70 y el 80%). Estos datos, han apuntado desde Osakidetza, permiten que la probabilidad de trasplante de pacientes se sitúe «en cifras ciertamente notables, claramente por encima de las obtenidas en otros países».

De este modo, en 2017, un total de 282 personas recibieron un órgano en Euskadi. En concreto, se realizaron 178 trasplantes renales -un 10,6% de ellos de donante vivo-, 75 trasplantes hepáticos, 13 trasplantes pulmonares, 15 trasplantes cardíacos y uno de riñón-páncreas.

En los últimos 10 años, se ha realizado un total de 2.494 trasplantes de órganos a pacientes vascos, de los que 1.529 son renales, 695 hepáticos, 149 cardíacos y 121 pulmonares. Los resultados, ha remarcado Osakidetza, son «similares o mejores a los de los centros más experimentados de Europa».

En cuanto a la donación y trasplante de tejidos y células, durante el año 2017 han sido detectados 174 donantes de tejidos. El tejido -córneas, tejido osteotendinoso, piel- se remite a su vez al Centro Vasco de Transfusión y Tejidos Humanos para su procesamiento, preservación y distribución para trasplante.

Del mismo modo, se han llevado a cabo 52 trasplantes alogénicos (28 emparentados y 24 no emparentados) en el Centro de Referencia de Euskadi (HUDonostia), lo que coloca a Euskadi en tasas similares a las de los países europeos del entorno.

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