IV SUKALDE SESION

IV SUKALDE SESION

El servicio de Nefrología, en colaboración con el Servicio de Cocina y la Cafetería del Hospital Universitario de Cruces, ha realizado la cuarta sesión de cocina para pacientes con enfermedad renal crónica.

 

 

 

 

 

En esta ocasión, en lugar de un menú al uso, se ha realizado un pintxo-pote cambiando de lugar, como si de” bares” se tratara. La primera parte se ha realizado en el Servicio de Cocina del hospital, donde tras la acogida a los asistentes por parte de Juan Antonio Herrero, han elaborado cuatro propuestas de comida y dos de bebida.

Propuestas de comida:

“Cazuelita de calabacín rellena”

“Pintxo de tortilla de verduras”

“Montadito de pollo y manzana con salsa de yogur” 

“Brocheta de langostino y piña”

Propuesta de bebidas:

“Sopa de sandía y manzana a la menta” 

“Limonada”

Una vez realizadas las propuestas en la cocina, con Manolo y Adolfo interactuando con los pacientes como espectadores, han pasado al comedor a degustarlas, compartiendo dudas y experiencias.
Como en ediciones anteriores, la experiencia ha sido muy didáctica a la vez que lúdica. Gracias al buen hacer de los “profesores”, los pacientes se han ido integrando y participando activamente durante la sesión.
Seguidamente han pasado a la cafetería del hospital, donde Orzuri Etxebarri les esperaba para realizar la acogida. A continuación han pasado al comedor, donde les ha explicado sus propuestas para posteriormente degustarlas.

 

 

 

 

 

 

 Propuestas de comida :

Pintxo brocheta pollo y tomate cherry con salsa curry” 

“Pincho cucharilla revuelto merluza y cebolla caramelizada” 

“Pintxo fajita de hongos y crema de queso”

 Propuestas de bebida:

“Limonada”

“Infusiones y café”

Al finalizar, todos han estado de acuerdo en que la experiencia ha sido muy interesante por lo aprendido y a la vez gratificante al poder compartir un espacio con personas con su misma patologia y dificultades similares. Les ha servido para resolver dudas y poner en común inquietudes.

Próximamente, en posteriores entradas, colgaremos las recetas de los pintxos realizados para que se puedan elaborar en casa de cara a la Navidad.

Manifiesto sobre la obesidad: Derribando mitos

 

Aprovechando que en 2017 el dia mundial del riñón se dedicó a la obesidad

Manifiesto sobre la obesidad: Derribando mitos
Dr. Arya M. Sharma, PhD
| 13 de marzo de 2017

A lo largo del año 2016 he participado en numerosas discusiones y debates sobre si hay que declarar la obesidad como enfermedad crónica (como han hecho numerosas asociaciones médicas). Por esta razón, creo que puede ser útil revaluar los argumentos habituales que defienden las dos partes enfrentadas en este debate.
Argumentos en contra de considerar la obesidad una enfermedad
1. El índice de masa corporal (IMC) no es un indicador fiable de salud.
Este es probablemente el argumento utilizado con más frecuencia en contra de considerar la obesidad una enfermedad, y desde hace tiempo me he manifestado en contra de utilizar el IMC como definición clínica de la obesidad, porque no es un indicador directo de la obesidad corporal ni tampoco refleja directamente el estado de salud. De hecho, su especificidad y su sensibilidad para detectar problemas de salud asociados a la obesidad (como diabetes de tipo 2 o hipertensión) son tan bajas que no cumplen los criterios aplicados habitualmente a la mayoría de las demás pruebas diagnósticas.
Por tanto, si el IMC no es adecuado, ¿qué otros indicadores pueden utilizarse como característica definitoria de la obesidad? La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la obesidad como “una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud”.[1]

Dr. Arya M. Sharma
No podemos determinar si la grasa corporal anormal o excesiva afecta a la salud de una persona colocando a dicha persona en una báscula o midiendo su perímetro abdominal. Es necesario realizar una exploración clínica y pruebas diagnósticas, con cuyos resultados el médico debe ser capaz de determinar si un paciente tiene “obesidad” o solo “adiposidad”.
Pero las limitaciones de las mediciones del IMC no son un argumento válido en contra de considerar la obesidad una enfermedad, sino que representan un argumento para buscar una definición más adecuada de la obesidad en la práctica clínica. Probablemente, diagnosticar la obesidad en la práctica clínica debería ser más parecido a diagnosticar la depresión o un trastorno por déficit de atención/hiperactividad, en los que no se utiliza un valor límite numérico sino una puntuación de síntomas clínicos.
2. La relación entre grasa corporal y salud es variable.
Es cierto que la influencia de la grasa corporal en la salud de una persona depende de diversos factores, comenzando por una predisposición genética al tipo de grasa corporal. Algunos médicos pueden argumentar que esta variabilidad descarta una relación causal entre grasa y salud.
La influencia directa del exceso de grasa corporal es más evidente cuando la cantidad de grasa presente limita o impide directamente las funciones físicas. Puede ser más difícil entender la relación entre grasa corporal anormal o excesiva y problemas metabólicos.
En la diabetes de tipo 2, la relación entre riesgo y grasa visceral es casi lineal. Pero dicho riesgo aumenta mucho si existe un antecedente familiar de diabetes. Por tanto, la cantidad de grasa visceral necesaria para alterar la homeostasis de la glucosa varía de una persona a otra y depende de otros factores, como la capacidad de las células beta del páncreas para producir insulina.
Fíjese que he dicho grasa “visceral” en lugar de grasa corporal. Esto es porque la grasa subcutánea tiene poco o ningún efecto en el riesgo de diabetes e incluso puede ser protectora.[2] Por tanto, no es la cantidad total de grasa corporal sino su localización y su función biológica las que determinan su efecto en la enfermedad metabólica. Esto puede explicar en parte la relación variable entre grasa corporal y riesgo de diabetes.
Pero en cualquier caso, una relación compleja entre grasa corporal y salud no es un argumento sólido en contra de considerar la obesidad una enfermedad. De hecho, el riesgo para la salud de muchas enfermedades puede variar mucho en personas diferentes (por ejemplo, cardiopatía, depresión), y aun así las consideramos enfermedades.
3. La obesidad es modificable y prevenible.
Este argumento es cierto en otros muchos trastornos que se consideran enfermedades, como el accidente cerebrovascular y la cardiopatía isquémica. La mayoría de los accidentes cerebrovasculares y la inmensa mayoría de los infartos de miocardio son evitables y modificables (después de ocurrir), como la diabetes, la artrosis, la neumopatía obstructiva y muchos tipos de cáncer.
4. Considerar que la obesidad es una enfermedad puede tener consecuencias desfavorables en la prevención de la obesidad.
En ninguna otra circunstancia considerar algo “una enfermedad” ha hecho que dejen de aplicarse todas las medidas disponibles para evitarla. Para confirmarlo basta con fijarse en las medidas para prevenir la cardiopatía isquémica (recomendaciones alimentarias, hacer ejercicio, dejar de fumar), el cáncer (actividad física, alimentación saludable, abandono del tabaco, protección frente a la exposición solar) o las enfermedades infecciosas (vacunas, seguridad alimentaria, lavado de manos, uso de preservativo).
De hecho, si se acepta el concepto de que la obesidad establecida es un problema para toda la vida para el que no tenemos cura – la definición exacta de “enfermedad crónica” – debemos redoblar las medidas de prevención. Los gobiernos, las organizaciones sanitarias y las personas deben estar más comprometidas con la prevención de una enfermedad “real” que se ha convertido en una epidemia.
5. La etiqueta de “enfermedad” disminuye la responsabilidad personal.
Analicemos la diabetes tipo 2, otra enfermedad evitable y modificable. Considerar la diabetes como enfermedad no disminuye la capacidad personal para prevenirla o para modificar la evolución de la enfermedad. Y ¿qué ocurre con la cardiopatía isquémica o con la neumopatía obstructiva o el cáncer? También intentamos que los pacientes participen en la prevención y en el tratamiento de estas enfermedades.
Existe incluso un término específico – “autotratamiento” – para este principio clave de control de una enfermedad crónica. Consiste en alimentación adecuada y ejercicio, vigilar los síntomas, tomar la medicación y acudir al médico para seguimiento asistencial – todas estas medidas son cuestiones de responsabilidad personal si se quiere considerar así.

Resultado de imagen de fotos sobre obesidad
Las personas con obesidad no tienen más o menos responsabilidad de contribuir al autotratamiento de su enfermedad que las personas con diabetes, hipertensión, depresión, cardiopatía isquémica o cáncer. Todas ellas deben hacer todo lo que puedan. ¿Por qué va a ser diferente con la obesidad?
6. La etiqueta de “enfermedad” estigmatiza a las personas con obesidad.
La obesidad ya está muy estigmatizada, igual que otras enfermedades como la depresión y el VIH/SIDA. Considerar que la obesidad no es una enfermedad no va a solucionar este problema. Debemos ayudar a las personas a entender la naturaleza compleja y multifactorial de este trastorno, y las opciones terapéuticas bastante limitadas que están disponibles en la actualidad.
De hecho, el cuento de hadas de la “elección” y la afirmación simplista de “comer menos, hacer más ejercicio” son los que promueven la implantación de estereotipos discriminatorios y de la noción de que las personas con obesidad son sencillamente poco inteligentes o no están suficientemente motivadas para cambiar sus hábitos descuidados.

Resultado de imagen de imagenes de motivacion

Por el contrario, reconocer que la obesidad es una enfermedad con una psicosociobiología compleja puede ayudar a desestigmatizarla, de manera muy parecida a como se ha desestigmatizado la depresión redefiniéndola como un problema de “las sustancias químicas cerebrales” (que, secundariamente, debería aplicarse también a la mayoría de los casos de obesidad).
7. La etiqueta de “enfermedad” básicamente medicaliza una conducta.
La premisa subyacente en esta afirmación es que la causa original de la obesidad es una conducta, algo que puede ser cierto en el plano más superficial. Sí, algunas conductas como comer demasiado y ser demasiado sedentario pueden favorecer el aumento de peso. Pero en ningún párrafo de la definición de obesidad de la OMS se menciona la conducta.
Muchas personas entienden que la relación entre conducta y aumento de peso no es directa.
Hacer más ejercicio físico: aunque 95% de los canadienses no cumplen las recomendaciones mínimas de actividad física diaria, solo 20% tienen obesidad.[3] Por tanto, si la conducta (no hacer suficiente ejercicio) es una causa fundamental de obesidad, ¿por qué no tienen obesidad 95% de los canadienses?
La respuesta más sencilla es que, con un nivel determinado de actividad física, algunas personas aumentan de peso y otras no. Del mismo modo, algunas personas que comen comida basura desarrollan obesidad y otras no.
Una conducta por sí sola, nunca podrá explicar todos (ni siquiera la mayoría) los casos de obesidad. Siempre habrá personas que teniendo la misma conducta no presentan obesidad. De hecho, muchas conductas asociadas a la obesidad o al aumento de peso son simplemente síntomas de problemas subyacentes que pueden estar relacionadas con una gama amplia de factores psicológicos, sociales y/o biológicos.
8. La etiqueta de “enfermedad” favorece el desamparo y la desesperanza.
Hay muchas personas que viven con enfermedades crónicas (por ejemplo, diabetes, hipertensión) que están bien controladas, que cumplen bien su tratamiento y que viven muchos años con una vida productiva.
Necesitamos mejores tratamientos de la obesidad, pero incluso en la actualidad, las personas con obesidad pueden cambiar la evolución de su enfermedad (a menudo con ayuda de los profesionales sanitarios) mediante identificación y corrección de las causas fundamentales de su aumento de peso (por ejemplo, depresión, alimentación emocional) y adoptando conductas que, aunque no consiguen una pérdida de peso apreciable, pueden mejorar mucho su salud y su bienestar.[4]
De hecho, el tratamiento de la obesidad debe consistir en intervenciones para una enfermedad crónica mejor que en una intervención breve para perder peso que por lo general no se mantiene a largo plazo.
9. La obesidad es solo un factor de riesgo de enfermedad, no una enfermedad por sí misma.
Esto solo es cierto si se considera (de manera equivocada) que la definición de la obesidad es un IMC alto, porque está claro que las personas con un IMC más alto tienen un riesgo más elevado de presentar complicaciones relacionadas con la obesidad como diabetes de tipo 2, apnea del sueño, esteatohepatitis e hipertensión.
Sin embargo, cuando se utiliza la definición de obesidad de la OMS – es decir, “acumulación de grasa anormal o excesiva que puede ser perjudicial para la salud” – la obesidad es algo más que solo un factor de riesgo. Aplicando esta definición, una persona con un IMC de 35 puede tener más riesgo de presentar obesidad (pero es posible que todavía no tenga obesidad). Solo cuando el exceso de grasa empieza a deteriorar su salud se convierte en una enfermedad por derecho propio.
Incluso así, se puede argumentar que la obesidad no es la enfermedad por sí misma, sino que las complicaciones de la obesidad son las enfermedades reales.
Este concepto es verdadero y falso a la vez.
Muchos otros trastornos son enfermedades y factores de riesgo de otras enfermedades o complicaciones. De nuevo, analicemos la diabetes de tipo 2, es una enfermedad y un factor de riesgo de cardiopatía isquémica y de insuficiencia renal avanzada. También la hipertensión es una enfermedad y un factor de riesgo de accidente cerebrovascular y de infarto de miocardio. Del mismo modo, la enfermedad por reflujo gastroesofágico también es un factor de riesgo de cáncer esofágico, la esteatohepatitis también es un factor de riesgo de cirrosis y la litiasis biliar aumenta el riesgo de pancreatitis. La lista sigue y sigue.
Si la grasa corporal excesiva o anormal afecta a la salud, se trata de una enfermedad. Si no afecta a la salud, es mejor considerarla un factor de riesgo. Esto probablemente es una distinción mínima, pero importante.
10. La obesidad afecta a demasiadas personas para definirla como enfermedad.
Algunos críticos han señalado que considerar que la obesidad es una enfermedad supondría de manera instantánea que millones de personas se convirtieran en “pacientes”, saturando la capacidad de los sistemas de salud. He oído decir a los responsables de compañías de seguros sanitarios y a dirigentes políticos que proporcionar tratamientos médicos para la obesidad no es práctico debido al elevado número de personas que presentan obesidad.
Esto no va a impedir que consideremos que la obesidad es una enfermedad, o la depresión, o la gripe, que afectan a millones de personas.
De hecho, incluso si una enfermedad afectara a 100% de la población, no dejaríamos de considerarla una enfermedad.
La obesidad ya nos está afectando de lleno. Tenemos que pagar por todos los problemas de salud relacionadas directamente con las personas que tienen obesidad, desde la diabetes y la cardiopatía isquémica a las prótesis articulares o el cáncer.
Esto está costando miles de millones de dólares de asistencia sanitaria, con el matiz de que en la actualidad estamos empleando este dinero en las complicaciones en vez de en la prevención y el tratamiento de la propia obesidad.

Por SOFIA ZARRAGA LARRONDO

FOSFORO

 

El fósforo es el segundo mineral presente en mayores cantidades en el cuerpo (después del calcio). Su trabajo es ayudar al cuerpo a usar la energía y formar huesos y dientes fuertes. Como el potasio, el fósforo en exceso es eliminado por los riñones saludables. Si sus riñones no funcionan, el fósforo se puede acumular en el cuerpo. Esto causa picores intensos  en algunas personas.

Las enfermedades óseas renales pueden ser un problema a largo plazo asociado con algunos tipos de diálisis. Con el paso del tiempo, la pérdida de calcio de los huesos hace que se vuelvan débiles, frágiles y causen dolor. Cuando el calcio y el fósforo están fuera de rango, las glándulas paratiroides del cuello producen muchas hormonas paratiroideas (PTH). El exceso de PTH inclusive puede causar que se extraiga más calcio de sus huesos: es un círculo vicioso.

Pero la enfermedad  ósea  renal no necesariamente ocurre. Si  mantienen unos niveles de calcio y fósforo  aceptables, el ciclo no empezará y sus huesos y todo su cuerpo podrá permanecer sano. Pregúntele a su dietista cuáles deben ser sus productos de calcio, fósforo, calcio-fosforo y niveles de PTH mientras se encuentra en diálisis peritoneal o tratamientos de hemodiálisis. Las  cifras normales para una persona en diálisis son aproximadamente:

Calcio: 8.4 a 10.2 mg/dL
Fósforo 3.0 a 5.5 mg/dL
PTH intacto: 150 a 300 pg/mL, o 150 a 600 pg/mL según lo prescrito por un médico.

Manteniendo el calcio y fósforo en un rango seguro

Hay tres métodos para mantener el calcio y el fósforo a un nivel seguro. Uno es tomar ligantes de fosfato. Otro es eligiendo los alimentos cuidadosamente. Sus exámenes de sangre mensuales le indicarán si lo está logrando. Lo tercero es obtener un trasplante de riñón o aumentar el tiempo de dialisis.

El fósforo es muy común en la mayoría de alimentos. De hecho, es tan común que podría ser casi imposible mantener niveles de fósforo seguros al comer sólo los alimentos correctos. Al tomar los ligantes de fosfato, puede escoger dentro de una gran variedad de alimentos

. Los ligantes de fosfato son medicamentos que eliminan el fósforo extra a través de la deposición.  Tome sus ligantes de 5 a 10 minutos después de haber  ingerido los alimentos. Tome pocos ligantes con un bocadillo o alimentos pequeños y más ligantes con  comidas más copiosas . Estos ayudarán a mantener  sus huesos saludables.

 No se  puede controlar los niveles de fosforo solo poniendo atención a lo que se come , pero  ayuda bastante. El fósforo es encontrado en alimentos con proteínas de alta calidad, como carnes y productos lácteos, y en alimentos de proteínas de baja calidad, como frutos secos y frijoles secos. Otros alimentos con contenido alto en fosforo son lasbebidas de cola y el chocolate.

Resultado de imágenes de bebidas de colaResultado de imágenes de chocolate

El fósforo también se encuentra en alimentos procesados, como cereales de desayuno (especialmente cereales de granos completos). Es posible que deba limitar su consumo de fósforo en los alimentos en casi 800 a 1,200 mg al día mientras está en diálisis. ¿Esto significa que nunca más podrá comer estos alimentos? No. Si usted quiere un alimento con alto contenido de fósforo, trate de comer porciones pequeñas, tome ligantes extra y planee el resto de comida para el día para ahorrar un poco de “espacio”.

Se puede mantener un nivel de fósforo en un rango seguro al tomar sus ligantes de fosfato de 5 a 10 minutos después de haber tomado todas las comidas y bocadillos y al escoger alimentos bajos en fósforo. Puede que usted necesite limitar su ingesta diaria de fósforo en casi 800 a 1,200 mg al día. Para ayudarle a calcularlo  puede descargar Fósforo en los alimentos, una guía rápida para conocer las cantidades de fósforo en alimentos comunes.

Antiácidos

No todos los antiácidos son buenos ligantes. Algunos antiácidos basados en calcio pueden ser usados de forma segura por las personas en diálisis para ligar el fósforo extra. Pero algunos pueden contener aluminio o magnesio. Estos pueden acumularse hasta alcanzar niveles tóxicos en personas con diálisis. Siempre lea las etiquetas y consulte con su médico, farmacéutico o dietista antes de tomar cualquier producto sin receta.

http://www.ultracare-dialysis.com

En anteriores entradas de este blog, hemos hablado del problema que supone la acumulación de fósforo en el organismo de las personas que padecen una enfermedad renal crónica y precisan diálisis. El problema, es que muchas veces al restringir la alimentación para intentar solucionar este problema, lo que hacemos es también disminuir el aporte de proteínas, que son necesarias para el funcionamiento correcto del organismo. Por ello, si la dieta no se realiza adecuadamente, podemos provocar una desnutrición severa al intentar corregir un problema de acumulación de fósforo.

El índice fósforo/proteínas

Para evitar el problema anterior, será interesante intentar consumir aquellos alimentos que proporcionan la mayor cantidad de proteínas con el menor fósforo, es decir que tengan un índicefósforo/proteínas muy bajo . Por ejemplo, un queso de cabra fresco aporta más de 800 mg de fósforo (muchísimo) y 19 gr de proteínas por cada 100 gr de alimento. Su índice fósforo/proteínas es de más de 40, por lo que es una producto totalmente desaconsejado en diálisis por el altísimo aporte de fósforo.

Por el contrario 100 gr de mero, aportan también 19 gr de proteínas, pero tan sólo 210 mgr de fósforo con lo que la relación fósforo/proteínas es de poco más de 10, mucho más favorable, y por tanto es un alimento adecuado para las personas de diálisis.

claras-de-huevo-1

Clara de huevo, un alimento con una relación muy favorable

Dentro de estos alimentos con perfil muy favorable en situaciones de insuficiencia renal avanzada, se encuentra la clara de huevo. A diferencia de la yema, su contenido en fósforo es muy bajo, tan sólo 15 mg por 100 gr de producto, y aporta algo más de 10 gr de proteínas, con lo que la relación fósforo/proteínas es muy baja, tan sólo 1,4.

Si analizamos la yema de huevo, aporta un poco más de proteínas (16 gr), pero el fósforo aumenta hasta 520 mgr, con lo que el índice fósforo/proteínas subiría a más de 31. Por ello, no se recomienda consumir yemas de huevo, si se presenta un problema de niveles elevado de fósforo.

Volviendo a la clara de huevo, el contenido de potasio que aporta es muy bajo, 140 mgr, con lo que no habría problema en su consumo en diálisis (el pan contiene más o menos esa cantidad, por ejemplo). Además el sodio es también bajo, sólo 160 mgr por cada 100 gr de producto( la décima parte que lleva la misma cantidad de jamón serrano), por lo que podrían tomarlo personas con hipertensión arterial.

Por ello, podemos decir que es muy beneficioso consumir claras de huevo para las personas que tengan problemas de fósforo elevado debido a la insuficiencia renal. Dado que el contenido de potasio y sodio es muy bajo, no habría problema en casos de hipertensión arterial o niveles altos de potasio en sangre.

Bizcocho del ángel: una fácil receta con claras de huevo

Ingredientes:

8 claras de huevo

135 gramos de azúcar glas

95 gr de harina

1 cucharada de zumo de limón

Preparación:

Precalentar el horno a 180 grados

Batir las claras  a punto de nieve

Cuando las varillas empiezan a dejar marcas añadimos el azúcar y el zumo de limón.

Añadimos tamizando el azúcar glas y la harina, mezclar con sumo cuidado con movimientos de abajo a arriba.

Untar un molde con mantequilla

Cubrir el fondo con papel vegetal

Añadir la mezcla del bizcocho.

Meter en horno unos 30-40 minutos, hasta que salga limpia la aguja al meterla

Dejarlo unos minutos enfriarse y desmoldar sobre una rejilla.

Se puede rellenar con nata.

 

bizcoho

http://http://nefrologiaparatodos.blogspot.cl/2016/05

NEFRODIET una APP que ayudará al paciente renal a elaborar una dieta rica y variada

El paciente renal tiene verdaderos rompederos de cabeza para realizar una dieta que se adapte a sus necesidades. Para ellos, todo son limitaciones, dietas pobres en: potasio, fósforo, sodio, proteínas, agua…  que con grandes dificultades pueden llegar a controlar.

La Fundación Renal FRIAT ha creado Nefrodiet, una aplicación para dispositivos móviles que va a permitir a los enfermos renales llevar una dieta más rica y variada, respetando los límites que requiere su enfermedad. APP dirigida a pacientes en ERCA (prediálisis), en hemodiálisis o en diálisis peritoneal.

Está basada en un sencillo sistema que permite al usuario mantener un control diario de la cantidad de nutrientes que consume de cada uno de los siete principales componentes que afectan a este tipo de pacientes: fósforo, potasio, sodio, proteínas, hidratos de carbono, calorías, agua. Así como, de tres indicadores básicos como son: el índice glucémico, la carga glucémica y el ratio fósforo/proteína.

Para más información, consulte la página web: https://www.friat.es/app-nefrodiet/, así como el video tutorial para el manejo de la herramienta NEFRODIET.

La descarga de la APP se podrá realizar desde cualquier diapositivo iOS y Android.

Android desde: https://play.google.com/store/apps/details?id=kidneyfoundationcom.myapplication&hl=es_419

IOS desde: https://itunes.apple.com/es/app/nefrodiet/id1101675391?mt=8