Manifiesto sobre la obesidad: Derribando mitos

 

Aprovechando que en 2017 el dia mundial del riñón se dedicó a la obesidad

Manifiesto sobre la obesidad: Derribando mitos
Dr. Arya M. Sharma, PhD
| 13 de marzo de 2017

A lo largo del año 2016 he participado en numerosas discusiones y debates sobre si hay que declarar la obesidad como enfermedad crónica (como han hecho numerosas asociaciones médicas). Por esta razón, creo que puede ser útil revaluar los argumentos habituales que defienden las dos partes enfrentadas en este debate.
Argumentos en contra de considerar la obesidad una enfermedad
1. El índice de masa corporal (IMC) no es un indicador fiable de salud.
Este es probablemente el argumento utilizado con más frecuencia en contra de considerar la obesidad una enfermedad, y desde hace tiempo me he manifestado en contra de utilizar el IMC como definición clínica de la obesidad, porque no es un indicador directo de la obesidad corporal ni tampoco refleja directamente el estado de salud. De hecho, su especificidad y su sensibilidad para detectar problemas de salud asociados a la obesidad (como diabetes de tipo 2 o hipertensión) son tan bajas que no cumplen los criterios aplicados habitualmente a la mayoría de las demás pruebas diagnósticas.
Por tanto, si el IMC no es adecuado, ¿qué otros indicadores pueden utilizarse como característica definitoria de la obesidad? La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la obesidad como “una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud”.[1]

Dr. Arya M. Sharma
No podemos determinar si la grasa corporal anormal o excesiva afecta a la salud de una persona colocando a dicha persona en una báscula o midiendo su perímetro abdominal. Es necesario realizar una exploración clínica y pruebas diagnósticas, con cuyos resultados el médico debe ser capaz de determinar si un paciente tiene “obesidad” o solo “adiposidad”.
Pero las limitaciones de las mediciones del IMC no son un argumento válido en contra de considerar la obesidad una enfermedad, sino que representan un argumento para buscar una definición más adecuada de la obesidad en la práctica clínica. Probablemente, diagnosticar la obesidad en la práctica clínica debería ser más parecido a diagnosticar la depresión o un trastorno por déficit de atención/hiperactividad, en los que no se utiliza un valor límite numérico sino una puntuación de síntomas clínicos.
2. La relación entre grasa corporal y salud es variable.
Es cierto que la influencia de la grasa corporal en la salud de una persona depende de diversos factores, comenzando por una predisposición genética al tipo de grasa corporal. Algunos médicos pueden argumentar que esta variabilidad descarta una relación causal entre grasa y salud.
La influencia directa del exceso de grasa corporal es más evidente cuando la cantidad de grasa presente limita o impide directamente las funciones físicas. Puede ser más difícil entender la relación entre grasa corporal anormal o excesiva y problemas metabólicos.
En la diabetes de tipo 2, la relación entre riesgo y grasa visceral es casi lineal. Pero dicho riesgo aumenta mucho si existe un antecedente familiar de diabetes. Por tanto, la cantidad de grasa visceral necesaria para alterar la homeostasis de la glucosa varía de una persona a otra y depende de otros factores, como la capacidad de las células beta del páncreas para producir insulina.
Fíjese que he dicho grasa “visceral” en lugar de grasa corporal. Esto es porque la grasa subcutánea tiene poco o ningún efecto en el riesgo de diabetes e incluso puede ser protectora.[2] Por tanto, no es la cantidad total de grasa corporal sino su localización y su función biológica las que determinan su efecto en la enfermedad metabólica. Esto puede explicar en parte la relación variable entre grasa corporal y riesgo de diabetes.
Pero en cualquier caso, una relación compleja entre grasa corporal y salud no es un argumento sólido en contra de considerar la obesidad una enfermedad. De hecho, el riesgo para la salud de muchas enfermedades puede variar mucho en personas diferentes (por ejemplo, cardiopatía, depresión), y aun así las consideramos enfermedades.
3. La obesidad es modificable y prevenible.
Este argumento es cierto en otros muchos trastornos que se consideran enfermedades, como el accidente cerebrovascular y la cardiopatía isquémica. La mayoría de los accidentes cerebrovasculares y la inmensa mayoría de los infartos de miocardio son evitables y modificables (después de ocurrir), como la diabetes, la artrosis, la neumopatía obstructiva y muchos tipos de cáncer.
4. Considerar que la obesidad es una enfermedad puede tener consecuencias desfavorables en la prevención de la obesidad.
En ninguna otra circunstancia considerar algo “una enfermedad” ha hecho que dejen de aplicarse todas las medidas disponibles para evitarla. Para confirmarlo basta con fijarse en las medidas para prevenir la cardiopatía isquémica (recomendaciones alimentarias, hacer ejercicio, dejar de fumar), el cáncer (actividad física, alimentación saludable, abandono del tabaco, protección frente a la exposición solar) o las enfermedades infecciosas (vacunas, seguridad alimentaria, lavado de manos, uso de preservativo).
De hecho, si se acepta el concepto de que la obesidad establecida es un problema para toda la vida para el que no tenemos cura – la definición exacta de “enfermedad crónica” – debemos redoblar las medidas de prevención. Los gobiernos, las organizaciones sanitarias y las personas deben estar más comprometidas con la prevención de una enfermedad “real” que se ha convertido en una epidemia.
5. La etiqueta de “enfermedad” disminuye la responsabilidad personal.
Analicemos la diabetes tipo 2, otra enfermedad evitable y modificable. Considerar la diabetes como enfermedad no disminuye la capacidad personal para prevenirla o para modificar la evolución de la enfermedad. Y ¿qué ocurre con la cardiopatía isquémica o con la neumopatía obstructiva o el cáncer? También intentamos que los pacientes participen en la prevención y en el tratamiento de estas enfermedades.
Existe incluso un término específico – “autotratamiento” – para este principio clave de control de una enfermedad crónica. Consiste en alimentación adecuada y ejercicio, vigilar los síntomas, tomar la medicación y acudir al médico para seguimiento asistencial – todas estas medidas son cuestiones de responsabilidad personal si se quiere considerar así.

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Las personas con obesidad no tienen más o menos responsabilidad de contribuir al autotratamiento de su enfermedad que las personas con diabetes, hipertensión, depresión, cardiopatía isquémica o cáncer. Todas ellas deben hacer todo lo que puedan. ¿Por qué va a ser diferente con la obesidad?
6. La etiqueta de “enfermedad” estigmatiza a las personas con obesidad.
La obesidad ya está muy estigmatizada, igual que otras enfermedades como la depresión y el VIH/SIDA. Considerar que la obesidad no es una enfermedad no va a solucionar este problema. Debemos ayudar a las personas a entender la naturaleza compleja y multifactorial de este trastorno, y las opciones terapéuticas bastante limitadas que están disponibles en la actualidad.
De hecho, el cuento de hadas de la “elección” y la afirmación simplista de “comer menos, hacer más ejercicio” son los que promueven la implantación de estereotipos discriminatorios y de la noción de que las personas con obesidad son sencillamente poco inteligentes o no están suficientemente motivadas para cambiar sus hábitos descuidados.

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Por el contrario, reconocer que la obesidad es una enfermedad con una psicosociobiología compleja puede ayudar a desestigmatizarla, de manera muy parecida a como se ha desestigmatizado la depresión redefiniéndola como un problema de “las sustancias químicas cerebrales” (que, secundariamente, debería aplicarse también a la mayoría de los casos de obesidad).
7. La etiqueta de “enfermedad” básicamente medicaliza una conducta.
La premisa subyacente en esta afirmación es que la causa original de la obesidad es una conducta, algo que puede ser cierto en el plano más superficial. Sí, algunas conductas como comer demasiado y ser demasiado sedentario pueden favorecer el aumento de peso. Pero en ningún párrafo de la definición de obesidad de la OMS se menciona la conducta.
Muchas personas entienden que la relación entre conducta y aumento de peso no es directa.
Hacer más ejercicio físico: aunque 95% de los canadienses no cumplen las recomendaciones mínimas de actividad física diaria, solo 20% tienen obesidad.[3] Por tanto, si la conducta (no hacer suficiente ejercicio) es una causa fundamental de obesidad, ¿por qué no tienen obesidad 95% de los canadienses?
La respuesta más sencilla es que, con un nivel determinado de actividad física, algunas personas aumentan de peso y otras no. Del mismo modo, algunas personas que comen comida basura desarrollan obesidad y otras no.
Una conducta por sí sola, nunca podrá explicar todos (ni siquiera la mayoría) los casos de obesidad. Siempre habrá personas que teniendo la misma conducta no presentan obesidad. De hecho, muchas conductas asociadas a la obesidad o al aumento de peso son simplemente síntomas de problemas subyacentes que pueden estar relacionadas con una gama amplia de factores psicológicos, sociales y/o biológicos.
8. La etiqueta de “enfermedad” favorece el desamparo y la desesperanza.
Hay muchas personas que viven con enfermedades crónicas (por ejemplo, diabetes, hipertensión) que están bien controladas, que cumplen bien su tratamiento y que viven muchos años con una vida productiva.
Necesitamos mejores tratamientos de la obesidad, pero incluso en la actualidad, las personas con obesidad pueden cambiar la evolución de su enfermedad (a menudo con ayuda de los profesionales sanitarios) mediante identificación y corrección de las causas fundamentales de su aumento de peso (por ejemplo, depresión, alimentación emocional) y adoptando conductas que, aunque no consiguen una pérdida de peso apreciable, pueden mejorar mucho su salud y su bienestar.[4]
De hecho, el tratamiento de la obesidad debe consistir en intervenciones para una enfermedad crónica mejor que en una intervención breve para perder peso que por lo general no se mantiene a largo plazo.
9. La obesidad es solo un factor de riesgo de enfermedad, no una enfermedad por sí misma.
Esto solo es cierto si se considera (de manera equivocada) que la definición de la obesidad es un IMC alto, porque está claro que las personas con un IMC más alto tienen un riesgo más elevado de presentar complicaciones relacionadas con la obesidad como diabetes de tipo 2, apnea del sueño, esteatohepatitis e hipertensión.
Sin embargo, cuando se utiliza la definición de obesidad de la OMS – es decir, “acumulación de grasa anormal o excesiva que puede ser perjudicial para la salud” – la obesidad es algo más que solo un factor de riesgo. Aplicando esta definición, una persona con un IMC de 35 puede tener más riesgo de presentar obesidad (pero es posible que todavía no tenga obesidad). Solo cuando el exceso de grasa empieza a deteriorar su salud se convierte en una enfermedad por derecho propio.
Incluso así, se puede argumentar que la obesidad no es la enfermedad por sí misma, sino que las complicaciones de la obesidad son las enfermedades reales.
Este concepto es verdadero y falso a la vez.
Muchos otros trastornos son enfermedades y factores de riesgo de otras enfermedades o complicaciones. De nuevo, analicemos la diabetes de tipo 2, es una enfermedad y un factor de riesgo de cardiopatía isquémica y de insuficiencia renal avanzada. También la hipertensión es una enfermedad y un factor de riesgo de accidente cerebrovascular y de infarto de miocardio. Del mismo modo, la enfermedad por reflujo gastroesofágico también es un factor de riesgo de cáncer esofágico, la esteatohepatitis también es un factor de riesgo de cirrosis y la litiasis biliar aumenta el riesgo de pancreatitis. La lista sigue y sigue.
Si la grasa corporal excesiva o anormal afecta a la salud, se trata de una enfermedad. Si no afecta a la salud, es mejor considerarla un factor de riesgo. Esto probablemente es una distinción mínima, pero importante.
10. La obesidad afecta a demasiadas personas para definirla como enfermedad.
Algunos críticos han señalado que considerar que la obesidad es una enfermedad supondría de manera instantánea que millones de personas se convirtieran en “pacientes”, saturando la capacidad de los sistemas de salud. He oído decir a los responsables de compañías de seguros sanitarios y a dirigentes políticos que proporcionar tratamientos médicos para la obesidad no es práctico debido al elevado número de personas que presentan obesidad.
Esto no va a impedir que consideremos que la obesidad es una enfermedad, o la depresión, o la gripe, que afectan a millones de personas.
De hecho, incluso si una enfermedad afectara a 100% de la población, no dejaríamos de considerarla una enfermedad.
La obesidad ya nos está afectando de lleno. Tenemos que pagar por todos los problemas de salud relacionadas directamente con las personas que tienen obesidad, desde la diabetes y la cardiopatía isquémica a las prótesis articulares o el cáncer.
Esto está costando miles de millones de dólares de asistencia sanitaria, con el matiz de que en la actualidad estamos empleando este dinero en las complicaciones en vez de en la prevención y el tratamiento de la propia obesidad.

Por SOFIA ZARRAGA LARRONDO

VII Juegos Nacionales de Trasplantados, Granada 2017

Deporte&Trasplante España

Trasplante + Deporte = VIDA

VII Juegos Nacionales de Trasplantados, Granada 2017


Los VII JUEGOS NACIONALES PARA TRASPLANTADOS, se realizarán del 28 de abril al 2 de mayo de 2017, en la ciudad de Granada (Andalucia).
La celebración de unos juegos deportivos para trasplantados, es el mejor escaparate para reflejar los beneficios reales de mejora de la calidad de vida, de personas que han sido objeto de un trasplante de corazón, hígado, pulmón, riñón, páncreas o médula ósea.
El lugar
Granada es una ciudad que se distingue por su altruismo y sensibilidad hacia las causas sociales y asistenciales; habiendo dado ya pruebas de su especial sensibilidad hacia la problemática de la necesidad de la donación de órganos para trasplante.
Además es una ciudad que está dotada de unos equipamientos deportivos ideales para la celebración de estos Juegos.
Objetivos del proyecto
A pesar de que España, es la nación del mundo que mejores resultados obtiene en donación de órganos y trasplante, es necesario incrementar en lo posible el número de donaciones, por lo que todas aquellas actividades encaminadas a conseguir que la sociedad se implique más y mejor en la necesidad de la donación de órganos para trasplante, resultan indispensables. Por todo ello, la celebración de unos juegos deportivos para trasplantados, es el mejor escaparate para reflejar los beneficios reales de mejora de la calidad de vida, de personas que han sido objeto de un trasplante de corazón, hígado, pulmón, riñón, páncreas, intestinos o médula ósea.
Por lo que el objetivo fundamental de estos Juegos es el de concienciar a la población sobre la necesidad de la donación de órganos para trasplante y, como ejemplo especial de la recuperación psíco-física que experimenta una persona trasplantada al practicar una actividad deportiva (suave), la cual es recomendada médicamente como terapia rehabilitadora fundamental.
Asimismo, es una excelente ocasión para el reencuentro con todos aquellos compañeros que año tras año compiten a nivel internacional, y igualmente aquellos compañeros que se incorporan por primera vez al mundo de la competición deportiva de deportistas trasplantados.
Se espera que el desarrollo de los Juegos tengan una difusión extraordinaria en prensa, radio y televisión (local, regional), e igualmente en algunos medios de comunicación nacionales, por lo que el impacto del conocimiento y visión de personas de diferentes edades y trasplantes tan diversos sensibilizará extraordinariamente a la opinión pública, dando como resultado un aumento significativo de donantes reales a corto y medio plazo, con respecto a años anteriores.
Quienes puedes participar
Pueden participar en los VII Juegos Nacionales de Trasplantados, todos los pacientes trasplantados de un órgano (riñón, hígado, corazón, pulmón, pancreas, intestinos y/o médula ósea), que hayan sido trasplantados como mínimo un año antes del inicio de los Juegos, de las diferentes Comunidades Autónomas de España; pudiendo también participar deportistas trasplantados del extranjero. También pueden participar personas que se encuentren en diálisis.
Es indispensable tener la correspondiente autorización médica por escrito y firmada para competir, de la Unidad de Trasplantes del Hospital en donde se le haya realizado el trasplante o de la que dependa.
Pueden acompañar a los deportistas transplantados todos aquellos familiares y amigos que lo deseen.

Los participantes también podrán consultar a su vez información sobre los Juegos y realizar la registro ONLINE en la página web:
http://www.deporteytrasplanteespana.com

¡No faltes, te esperamos!

Trasplante + Deporte = VIDA

 

X ENCUENTRO DE JOVENES CON ENFERMEDAD RENAL

Este año 2017 celebramos el X Encuentro de Jóvenes con enfermedad renal en Valdepeñas (Ciudad Real), los días 5,6 y 7 de mayo en el Hotel Veracruz.
El rango de edad es de 18 a 45 años (ambos incluidos) y cada participante podrá traer a un acompañante siempre y cuando no exceda la edad.
Os esperamos!

 

Podeis descargaros el programa en este enlace:

http://alcer.org/federacionalcer/wp-content/uploads/2017/03/preprograma17-2.pdf

ANIMATE

Fuente : Alcer Federacion Nacional

OBESIDAD :DERRIBANDO MITOS

Os adjunto un artículo de DR.Arya M. Sharma,PhD de interés general sobre el  tratamiento de la obesidad.

Argumentos a favor de considerar la obesidad una enfermedad

  1. Empeora la salud.
  2. Hay incluso personas con una variedad amplia de tamaños y formas corporales que están completamente sanas y que por tanto no tienen obesidad (a pesar de los que dice la escala del IMC). Por el contrario, incluso los defensores más vehementes de la “aceptación grasa” tendrían dificultades para negar que existe un vínculo directo entre exceso de grasa corporal y deterioro de la salud en muchas personas, bien por limitaciones funcionales o por complicaciones médicas.

Por tanto, el sobrepeso con apnea del sueño es enfermedad, el sobrepeso con diabetes de tipo 2 es enfermedad, el sobrepeso con hipertensión es enfermedad, el sobrepeso con enfermedad por reflujo gastroesofágico es enfermedad y así en adelante.

  1. Una vez establecida, la obesidad es un problema para toda la vida.

Cuando una persona acumula un exceso de grasa que afecta a su salud, no tiene “cura” conocida. No es posible suspender el tratamiento efectivo sin que el problema vuelva a aparecer.

La obesidad se comporta como todas las demás enfermedades crónicas. Es posible modificar la evolución o incluso mejorar el trastorno con tratamientos conductuales, médicos o quirúrgicos, pero al suspender el tratamiento la persona vuelve a aumentar de peso, a veces con un añadido.

Un paciente de género masculino me dijo hace poco tiempo que había perdido 25 kg alrededor de 5 años antes, simplemente controlando la alimentación y realizando un programa de ejercicio regular. Me dijo que había “vencido” a su obesidad y que se consideraba a sí mismo “curado”. Le respondí que yo le consideraba solo “en remisión” porque su biología sigue siendo la de una persona con obesidad. Y le demostré mi afirmación de la manera siguiente.

Nadie llega a “curarse” nunca de su obesidad

Imaginemos que él y yo intentáramos aumentar 25 kg de peso en las próximas 6 semanas. Yo tendría que afrontar una tarea realmente ardua mientras que él no tendría mucha dificultad para recuperar su peso. De hecho, si él adoptara sencillamente mis hábitos alimentarios, recuperaría los 25 kg antes de darse cuenta.

Su cuerpo está esperando recuperar el peso que ha perdido, mientras que mi biología me haría realmente difícil aumentar tanto peso inicialmente. Esta es la razón por la que el “punto de ajuste” de su peso sigue estando 25 kg por encima del mío, que está en mi peso actual (lo máximo que he pesado nunca).

Al haber pesado 25 kg más en algún momento, su biología ha quedado alterada de manera permanente.

En la actualidad, sabemos mucho de esta biología. Sabemos lo que sucede cuando las personas intentar perder peso, y el grado de dureza con el que lucha el cuerpo para resistirse a la pérdida de peso y para recuperar el peso perdido. Esta es la razón por la que la obesidad precisa un tratamiento continuo. Nadie llega a “curarse” nunca de su obesidad, ni siquiera las personas que se someten a cirugía bariátrica. Si se revierte la cirugía vuelven a recuperar el peso.

  1. Las modificaciones del estilo de vida tienen un efecto escaso en la obesidad.

Hay muchos ejemplos publicados en internet con fotografías antes y después de personas que han perdido peso mediante dieta y ejercicio, pero por lo general en la realidad las modificaciones del estilo de vida no son muy efectivas a largo plazo. Incluso en estudios clínicos con voluntarios muy motivados que recibían más apoyo del que sería previsible en la práctica clínica habitual, la media de la pérdida de peso a los 12-24 meses fue baja.

En la mayoría de las personas con obesidad, las modificaciones del estilo de vida no son suficientemente efectivas – al menos como medidas a largo plazo en la vida real. Aunque este hecho puede resultar desalentador para muchas de estas personas (sobre todo para las que han dedicado sus vidas a promocionar un estilo de vida saludable como la solución para la obesidad), es parecido al que hemos observado con otras enfermedades relacionadas con el “estilo de vida” como la diabetes y la hipertensión. Aunque la dieta y el ejercicio son elementos esenciales para controlar estas enfermedades, muchas personas con diabetes o hipertensión necesitan asistencia médica además de estas medidas.

Con la obesidad sucede lo mismo. La dieta y el ejercicio siguen siendo elementos esenciales del tratamiento, pero simplemente no consiguen la eficacia suficiente para controlar la obesidad en la mayoría de las personas obesas.

  1. Considerar que la obesidad es una enfermedad puede mejorar el acceso a la asistencia sanitaria.

Por desgracia, pocos sistemas sanitarios se sienten obligados a proporcionar los tratamientos adecuados para la obesidad, y pocos planes de salud cubren estos tratamientos. Aunque la cirugía bariátrica es el único tratamiento con eficacia a largo plazo basada en la evidencia de la obesidad grave, por desgracia, su aplicación sigue siendo escasa.

Los responsables de los sistemas sanitarios también son parte del problema. Muchos limitan su papel en el control de la obesidad a avisar a los pacientes del riesgo que implica un exceso de peso. No consideran que sea su labor aplicar un tratamiento directo para la obesidad

Esto es diametralmente opuesto a lo que se hace para la diabetes o la hipertensión. s es una parte importanLa mayoría de los médicos estarían de acuerdo en que limitarse a decir a los pacientes que deben bajar la glucemia o la presión arterial no puede considerarse una asistencia sanitaria adecuada. Ayudar a los pacientes con estos problema es de nuestra labor

Pero un colega me pregunto hace poco tiempo, “¿por qué debe ser este mi cometido?, ¿por qué no comen menos y hacen más ejercicio?, ¿es tan difícil?”.

5. Las enfermedades precisan empatía.

Nuestra respuesta normal a las personas afectadas por una enfermedad – incluyendo los fumadores con cáncer de pulmón o las personas con enfermedades de transmisión sexual – debe contener al menos cierto grado de empatía. Incluso si la enfermedad es totalmente evitable y el paciente ha acelerado su evolución, una vez que se hace el diagnóstico de diabetes, cardiopatía isquémica o accidente cerebrovascular, la respuesta social esperada consiste en empatía, no solo por parte de familiares, amigos y compañeros.

6. El tratamiento de la obesidad debe enseñarse en las facultades de medicina.

Por desgracia, en la facultad de medicina aprendemos poco sobre la obesidad. Todo licenciado en medicina puede recitar el papel y la función de ADH, ATP, PNA, TSH y de una amplia variedad de otros parámetros bioquímicos relacionados incluso con la fisiología y la función más específica. Pero pocos estudiantes de medicina y médicos han oído hablar alguna vez de POMC, alfa-MSH, PYY, AgRP, CART, MC4R o alguna de las otras moléculas que se sabe que intervienen en la regulación del apetito.

La cuestión es que incluso los licenciados en medicina graduados en los últimos años tienen solo un conocimiento escaso de la biología compleja del apetito y de la regulación del metabolismo energético, sin un conocimiento amplio del enfoque clínico de la obesidad.[6]

Elevar la obesidad a la categoría de enfermedad eliminaría las excusas de las facultades de medicina para no enseñar a los estudiantes la sociopsicobiología compleja de la obesidad y sus complicaciones, su pronóstico y los tratamientos.

Epílogo

Estoy completamente convencido de que las razones a favor de considerar que la obesidad es una enfermedad son bastante más sólidas que los argumentos en contra. Dicho esto, me gustaría reconocer que el término “enfermedad” es un convencionalismo social. Que yo sepa, no hay una definición legal o científica de qué implica este término.

Igual que todos los convencionalismos sociales están sujetos a modificación, nuestras definiciones de la enfermedad también pueden cambiar. Los trastornos que en algún momento se consideraron procesos normales del envejecimiento (por ejemplo, diabetes de tipo 2 o demencia) han alcanzado hace tiempo la categoría de enfermedades. Este reconocimiento ha tenido una influencia notable en cuestiones que van desde la legislación sobre derechos humanos, a los seguros de salud y hasta la inclusión de estos trastornos en la formación y en la práctica médica.

Las personas con obesidad no se merecen menos.